Sinopsis
Para saber sobre el hombre, nada mejor que contemplarlo desde la perspectiva de la eternidad. En ello gastó Kierkegaard sus energías cuando elaboró sus «Discursos edificantes en espíritu diverso» y «Las obras del amor», ambos de 1847, y un año después sus «Discursos cristianos».
Si en sus obras pseudónimas el pensador danés se había esforzado por presentar las distintas posibilidades existenciales del ser humano en polémica con la especulación hegeliana, en esta etapa central busca plantear las mismas cuestiones desde una perspectiva religiosa y sin esconderse bajo otro nombre.
A lo largo de las cuatro partes que componen estos Discursos cristianos, Kierkegaard plantea el inevitable enfrentamiento entre la sabiduría del mundo y el verdadero espíritu evangélico. Así, mientras que la primera se nutre de valores paganos a pesar de considerarse cristiana, la segunda recurre a la sabiduría de los escritos del Nuevo Testamento para criticar a una cristiandad meramente estética y promover el auténtico estilo de vida de Jesús.
La máxima preocupación del hombre moderno consiste en atender sus numerosas necesidades: conseguir bienes, poder, honor y prestigio; por ello resulta urgente invitar al lector a que se sumerja en las profundidades de su condición espiritual y hacer de la verdad eterna la sustancia de su vida. Sólo acogiendo sin condiciones la fe cristiana, las paradojas cobran todo su sentido: lo que se pierde se gana, la pobreza deviene auténtica riqueza, el sufrimiento se revela como bendición y las tribulaciones como fuente de esperanza.
Søren Kierkegaard (1813-1855) es uno de los filósofos más originales del siglo XIX. Hizo de su vida una búsqueda apasionada de la verdad.