PULSO HERIDO, EL

PULSO HERIDO, EL

04-03-2024
PIEZAS DE NARRATIVA
9788412503760
Rustica con solapas
148
200
140x220 mm
CASTELLANO
ESPAÑA
FICCION MODERNA Y CONTEMPORANEA
08-03-2024
PVP
16.00

Sinopsis

El libro se compone de trece relatos, convocando el número maldito para contar aquello premonitorio con la mala suerte de los espejos que se rompen o de la vida que dice.

Daniel Herrera transforma en verdad la cotidianidad desquiciada, a veces para hablar de la naturaleza del tiempo, de su tedio, otras para cubrir febril lo que uno puede imaginar en un día mirándose las manos, haciéndolas bailar sobre la mesa como si fuesen los dedos piernecitas en un ballet y estirándose coquetas fuera de nuestra propia norma. Ver el cuerpo y ver el tiempo, la sabiduría de localizar el verano cuando es diciembre, en lo más hondo de la boca del ropero.

Imágenes exactas e imposibles fuera del lenguaje. Un pulso herido que no evita los pensamientos rumiantes, la decadencia, el dolor o el rechazo, y unos relatos que le hacen tacto a todos ellos:

«(…) levantarse del sillón uno de esos días de ansiedad, levantarse esta vez sí de verdad con las paredes pegadas a 18 la cara, levantarse con las paredes como una bolsa de plástico que le asfixia y esa presión en la garganta, no imaginar sino levantarse e ir al baño dando tumbos y comprobar que no encuentra la cuchilla que imaginaba, y sentirse decepcionado y pensar, al menos pensar, en comprar una nueva».

Con cinismo, inteligencia y humor nos abre la puerta a unos personajes que llevan al límite la conciencia de existir, que quieren contarse de más formas, que se ven traicionados por sus cuerpos o, al contrario, agradecidos de entender que son ellos y son sus cuerpos y a veces, claro, la escisión hace mella y el pulso duda. La ensoñación duda y la realidad miente: como en un juego de espejos vamos viendo, relato a relato, una ampliación de qué es eso de ser personas, conciencia, arquitectura.

Son trece relatos que cuentan imposibles y que sin embargo reconocemos, que podemos sostener en la lectura y que nos pulsan, también.

En palabras de Eloy Tizón:

«En su estreno literario, Daniel Herrera apuesta por el extrañamiento fantástico como motor narrativo. Trece cuentos afiebrados que se deshojan en fotos, vídeos, espejos, sueños premonitorios y finales alternativos, entre otros desdoblamientos. Personajes a la deriva, sobrepasados por una épica íntima de ropa sucia y gotelé, por las verdades del cuerpo o los soliloquios de la mente, de esos que van discutiendo solos por la calle y un día se les aparece Dios en el parabrisas del coche. Herrera pertenece a esa estirpe de narradores díscolos que nos sacuden, juegan con las formas y las subvierten, nos ayudan a sobrellevar la locura cotidiana y nos predisponen a “soportar la belleza”. Un debut necesario»

Nosotras no sabemos qué es ser necesario, o qué es serlo del todo, pero sí sabemos que hay pulso, latido y duende: la vida se levanta aquí reconocida y extraña:

«La música apuntala su evasión con la luz apagada y una vela encendida; empieza a bailar con la copa en la mano: sus contorsiones exageradas bucean en la calidez meliflua que desprende la llama y se ven a través de la pequeña vidriera desde la calle a una hora a la que los vagabundos ya duermen bajo el neón de las licorerías.»

Un cuerpo nuevo, confesando la atención de mirar como quien no ha visto nunca, el peligro de mirar para ver, su hallazgo.

«(…)la boca entera, con su paladar de techo abovedado, bajorrelieves ilegibles y su fondo como un horizonte medieval, sus encías encarnadas, su dentadura y sus labios que se extienden hacia todos los dorsos oscuros de las mejillas de carnalidad indecisa que en alguna parte quisiera desprenderse y que en sus centros crea llanuras inmutables de brillo imposible. Fascinante, la boca. Los egipcios dejaban abiertas las de sus muertos, para que comieran y bebieran en la otra vida. ¿Qué clase de vida? En el fondo, si nos fijamos bien, todo está hecho para la lengua.

Atención, acción, eco y una manera narrativa que es, en sí misma, una caricia al lenguaje.