Sinopsis
Henri Michaux le dijo no al cuerpo calcificado del pensamiento. Al “saber pensar” del metafísico y al “infinito” del teólogo. Defendió la mirada del niño y el ignorante, el alienado y el enfermo. Su vocación fue la aprehensión del aleteo del pensamiento en perpetuo estado de gestación, antes de su caída y su solidificación en verbo. Escribir y dibujar, para Michaux, eran sinónimos. Presintió formas provisorias e inestables, híbridas. Inventó una lengua-insecto, arcaica y corpuscular, hecha del polvo de un pensar pre-identitario. Su lengua vibraba fuera del control de la razón. Fue la hormiga y el camino de la hormiga, fácticos e impalpables a la vez. Considerando todo aquello a lo que dijo no, no sorprende que Michaux se negara sistemáticamente a lo que un escritor suele decirle sí: el carnaval mediático de la institución literaria, ese decorado hecho de entrevistas, y premios, designaciones honoríficas y agasajos varios. Este libro es un catálogo inflexible de esas negativas a la “consagración” social, hecho de la materia desconcertante de la escritura de Michaux. Porque lo que sí sorprende es que, incluso al decir no, Michaux siguiera haciendo literatura. A veces, como en este caso, decir no es una forma radical de estar en este mundo y, al mismo tiempo, una proeza literaria.
“Busco una secretaria que sepa de cuarenta a cincuenta maneras de contestar NO, en mí lugar”, Henri Michaux.