Sinopsis
«Suárez siempre ha llegado el primero a todas partes y siempre se ha marchado el primero, de manera que siempre ha estado solo». Juan José Millás En los años sesenta, Gonzalo Suárez era en España un verdadero friki, un aerolito sin control, un raro absoluto que escribía una narrativa que nadie escribía y que con el paso del tiempo todos acabamos escribiendo. Suárez rompió con el realismo cuando el realismo reinaba: hizo literatura fantástica cuando casi nadie la hacía, hizo novela policíaca cuando era reaccionario o pueril hacerla, hizo metaliteratura cuando nadie sabía lo que era la metaliteratura, hizo narrativa pop cuando el pop solo era un estilo pictórico, y nuevo periodismo cuando los nuevos periodistas estadounidenses aún no habían bautizado el invento; hizo, en fin, cosas que algunos han hecho veinte o treinta o cuarenta o cincuenta años más tarde creyendo que nadie las había hecho antes, cosas que en la cultura de entonces eran insólitas y ahora son normales, como citar en una misma frase los nombres venerables de Di Stefano y James Joyce. Suárez no fue solo pionero con su literatura; también lo fue con su cine, con el que hizo a finales de los sesenta lo que Quentin Tarantino o Pedro Almodóvar tardarían décadas en hacer. Y es que aunque a veces se diga que lo importante no es llegar el primero o el último, sino llegar bien; en literatura, como en casi todo, quien llega primero llega dos veces. En suma, si existe la posmodernidad literaria, Suárez fue el primer escritor posmoderno español.